martes, 30 de diciembre de 2008

La aventura de ser docente

La aventura de ser docente sugiere una forma de autoanálisis de lo que hemos hecho en la docencia lo que supone un cambio no efímero en los escenarios futuros, en otras palabras, un cambio sustantivo en la práctica docente.
Pues bien, parte de la historia que da respuesta a este autoanálisis ocurre desde hace 26 años, y como todo buen profesor comienza su carrera, yo inicié la mía como ayudante de profesor, es decir, como el gato que carga el portafolio, borra el pizarrón y hace las veces de sustituto (sin sueldo) del profesor titular. ¿Es esta también parte de sus historias?
No estaría escribiendo este post tan falto de sentido, de no haber sido porque, cuando estudiante, en la asignatura de “Matemáticas” en segundo grado de secundaria obtuve 10 al concluir el curso. Me encantaba la forma en que el maestro explicaba la clase: con toda la paciencia del mundo y todo el conocimiento requerido para hacer motivante la clase. Ciertamente, estaba ante la presencia de un profesor eminentemente tradicional pero que hoy muchos quisiéramos esta clase de maestros en nuestras aulas, ¿oh no?
La verdad es que desde que ingresé a la secundaria quedé deslumbrado por el despliegue de lucidez de mis profesores, y me propuse que algún día yo también daría clases y tiraría rollos extraños. De manera que el ofrecimiento de una clase excelente de mi maestro de segundo y tercer año de secundaria, constituía el primer paso para echar a andar en mi la motivación para dedicarme a la docencia.
En este andar es justo reconocer a los profesores que truncaron tu camino y de los que no quiero hablar. No vale la pena recordarlos tan sólo para reflexionar de lo que no se debe hacer en el aula.
Si hoy día soy profesor, es en parte a la vocación que siento tener por educar y que encierra variadas competencias para hacer bien las cosas: gusto por la enseñanza, por la provocación de la búsqueda del conocimiento, el planteamiento contínuo de problemas y la construcción colectiva de reflexiones.
Para concluir, se puede decir que la docencia la percibo como una excelente oportunidad de influir positivamente en nuestros educando para que se autodescubran sus potencialidades y trabajen en sus debilidades. En fin, "los maestros cambiamos vidas para bien o para mal".